En sus Manos

''Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete  casa del alfarero, allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija que de barro que él hacía se echó a perder en su mano, y volvió y la hizo otra vasija según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mi palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,oh casa de Israel? dice Jehová . He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.'' Jeremías 18:1-6 
En Sus Manos

Siempre ha sido de mucho agrado para mí esta analogía que el Señor le muestra a Jeremías en esa ocasión. Es la forma en que Dios le demostró a Jeremías que él es nuestro creador y que estamos en sus manos, de la misma manera que el barro en manos del alfarero. Y es justamente de esto que quiero escribir hoy.
 Para comenzar tenemos que preguntarnos un detalle muy básico: ¿quién fue Jeremías? Es importante saber que Jeremías fue un profeta hebreo que vivió durante tiempos en que Judá se había alejado de Dios, pero él se mantuvo firme y obediente ante los mandatos de Dios. Y podemos ver esto al comienzo de nuestra lectura, Dios le dijo a Jeremías que descendiera hasta la casa del alfarero. Pero, ¿por qué? Pongamos a reflexionar un  momento, y preguntémonos ¿por qué Dios no le dijo lo que tenía que decirle en ese momento? ¿Por qué hacerle ir hasta otro lugar? Si ya le estaba hablando ¿por qué no lo hacia allí mismo? Él pudo preguntarse lo mismo pero por muy extraño que pudiese haberle parecido la orden el simplemente obedeció. Y eso podemos aplicarlo a nuestras vidas y por muy dispar que parezca lo que sucede en nuestro alrededor lo mejor que podemos hacer es seguir obedientes a nuestro Padre.
Al llegar él pudo observar lo que el alfarero hacía, observó la vasija de barro que el alfarero hacía, tal vez estaba algo extrañado del por qué estaba allí, luego la vasija que el alfarero estaba formando se echó a perder.
Eso también sucede con nosotros muchas veces necesitamos el hecho de ser quebrantados para poder permitir que Él no tome en sus manos. Podemos observar que Dios le mostró su mensaje hasta después de que esto sucediera.
Tal vez estés atravesando momentos difíciles, pero ten en cuenta que somos como el barro en manos del alfarero, que tiene que quebrantar nuestro orgullo, nuestro ego para que así podernos dejar moldearnos en sus manos.
Una vasija de barro antes de estar lista debe pasar por un horno para poder ser resistente y no quebrarse fácilmente. De esa misma manera pasamos no por un horno pero si por pruebas y dificultades, pero hay que recordar en esos momentos difíciles que estamos en sus manos.

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